Mario Paz Montecinos.
Sociólogo
Secretario de Los Hijos de Mafalda.
Apunte
N° IX La Política y El Poder.
La Política es el arte de
gobernar
Pero la Política puede ser el
arte de engañar
Y la Política puede ser
solamente un arte
El que confunde la herramienta
con el fin
No comprende que para
alcanzar los fines
Necesitamos herramientas
Entonces la Política NO es
Más que
Una herramienta para alcanzar
nuestro fin.
Por lo general, cuando hablamos de
política, se producen diversas reacciones y manifestaciones que son, principalmente
de rechazo, sobre entendiéndose que la política genera conflictos. Un ejemplo
práctico de esta situación, lo podemos
observar cuando, en reiteradas oportunidades, con diversas personas y en
diversos espacios, nos vemos enfrentados a un discurso autoritario que establecen que: “aquí no se habla de
política o de religión”, pues se asume que, si se tocan estos temas dará
comienzo una discusión que no sabemos dónde terminara, y es mejor pasarlo bien
hablando de cualquier cosa, menos de estos temas.
Que la política produzca reacciones y
manifestaciones de rechazo, no es una casualidad, y una explicación a dicha
situación la podemos encontrar en los modelo de dominación incluso en el actual,
los que han establecido e impuesto un conjunto de sinónimos para el término
política, el primero de ellos es: “política igual conflicto”, el segundo
sinónimo es “política igual corrupción” y un tercer sinónimo es “política igual
inútil”, al mismo tiempo, el modelo de dominación le ha quitado al concepto
política su valor expresado en “poder”. Más allá de las discusiones sobre si
dichos sinónimos de política son acertados o no, la práctica y la relación con
nuestro pueblo nos indican lo efectivo de dicha situación. Las personas más
allá de nuestras discusiones teóricas entienden a la política como conflicto, y
estas mismas personas le temen al conflicto, podríamos entender entonces que le
temen a la política. Como no entenderlos, cuando han vivido en una sociedad que
históricamente ha sancionado a sangre y fuego la disensión política, o para ser
más claros el desacuerdo político.
Asociado a lo anterior, podemos asegurar
que, la política siempre ha querido establecer la existencia de una sola
verdad, cual es que, las buenas personas son, los reyes y reinas, príncipes y
princesas, terratenientes y empresarios, todos ellos son al mismo tiempo dueños
y propietarios de la tierra y las empresas. La política a establecido que ellos
son los buenos, y los buenos siempre tienen la razón, y el que se manifieste en
desacuerdo o se atreva a disputar su poder, se pone en contra de la buena
gente, amable y sincera, que hace todo por los demás, por lo tanto disputar el
poder es oponerse a la razón. Establecer desacuerdo político, implica
necesariamente la confrontación entre el bien y el mal, entre lo racional e
irracional. En este conflicto, los malvados son los que se oponen a la buena
gente, que por supuesto son los dueños de la tierra y las empresas, por lo tanto los malvados que quieren
apropiarse del poder, deben ser duramente sancionados, con el despido del
trabajo, o pueden ser encarcelados, torturados, asesinados o hechos desparecer,
todas sanciones totalmente justificadas, ya como son malas personas, y como son
malos merecen dichos castigos.
¿Qué
es la Política?
Según lo ya expuesto, la discusión política
es la confrontación entre el bien y el mal, eso es lo que se nos ha enseñado. Pero
¿Qué es la Política?, una de tantas definiciones es la siguiente: “La política,
del Griego πολιτικος (pronunciación figurada: politikós,
«ciudadano», «civil», «relativo al ordenamiento de la ciudad»), es la actividad
humana que tiende a gobernar o dirigir la acción del Estado en beneficio de la
sociedad. Puede entenderse también que la política, es el proceso orientado
ideológicamente hacia la toma de decisiones para la consecución de los
objetivos de un grupo.
La política también puede ser definida
como: “una actividad orientada en forma
ideológica a la toma de decisiones de un grupo para alcanzar
ciertos objetivos. También puede definirse como el ejercicio del poder para la
resolución de uno o más conflictos de intereses. La utilización del término
política, ganó popularidad en el siglo V
A.C., cuando Aristóteles desarrolló su obra titulada justamente “La Política”.
Entonces, podemos establecer que, la
política es uno de los ejes centrales de toda relación social, esto es, si
consideramos que la política es una herramienta que nos permite organizar y
administrar el Estado, que define metas, y múltiples objetivos destinados a
crear un conjunto de medidas que persiguen el bien de la comunidad, las que
vienen a resolver los problemas que dicha comunidad tiene. Pero la política
para poder alcanzar las metas y objetivos antes enunciados, debe establecer un
conjunto de medidas que deben ser validadas y aceptadas por toda la comunidad,
y en el caso que dicha comunidad no
acepte las metas y objetivos establecidos, la misma política debe ampliar su
que hacer, para que se cumplan las metas y objetivos planteadas por las buenas
personas. Para enfrentar a los miembros de la comunidad que se manifiestan en
contra de las metas y objetivos propuestos, la política debe transformarse en
un “proceso por el cual el uso de la fuerza
coercitiva sea legítima”. En este caso, el uso de la fuerza es legítima, solo
para los que son los propietarios de la política, en el caso chileno, la clase
política, situación que establece claramente que, toda relación política y social
es asimétrica, ya que algunos tienen el derecho para utilizar la fuerza y otros
no tienen ese derecho.
Las definiciones antes expuestas y este primer análisis deben
dejar claramente establecido que, las personas no andan libres por la calle,
que no tienen por tanto la posibilidad de tomar decisiones en forma
independiente y que tampoco las personas pueden hacer lo que les parezca, en
consecuencia no son libres.
Que la política sea el “proceso por el cual
el uso de la fuerza coercitiva es legítimo”, no es discutido desde el punto de
vista de las ciencias, incluso la población en general asume inconscientemente
esta verdad científica, al establecer que está dispuesta a cambiar libertad por
seguridad, o sea, solicita mayor cantidad de policía en las calles, pero dicha
verdad incuestionable, que establecen las ciencias, y nuestro pueblo, es
totalmente discutida y rechazada por algunos habitantes de nuestro bello país, rechazo
que se manifiesta por medio de la críticas, manifestaciones, protestas y paros,
pero él que algunos protesten no es relevante, ya que son una minoría de la
población, y la política debe responder a la mayoría, donde la mayoría
sacrifica su libertad por el bien común. En el caso chileno, asumir esta
lógica, sería entender y aceptar que la mayoría de la población es de derecha,
ya que la mayoría de la población no se manifiesta, protesta u organiza paros.
También podemos establecer que la política,
es una herramienta de administración de recursos de una sociedad o grupo, que
se orienta ideológicamente[1]
hacia la toma de decisiones para la consecución de los objetivos de dicha
sociedad o grupo. Como la política está dirigida por cierto grupo, el que se basa
en una ideología, donde la ideología se entiende como un conjunto de ideas de
cómo debe funcionar la sociedad, y entendiendo esto, debemos asumir que, la
sociedad o comunidad debe funcionar sí o sí como lo quiere dicho grupo, en
consecuencia podemos establecer que, la política siempre está dirigida a que la
población funciones de una forma determinada, o haga lo que se le dice que debe
hacer, acción que no es más que la ejecución de órdenes dadas por los que
detentan el poder. En el caso que la población no esté de acuerdo con dichas
ordenes, simplemente se hace ejercicio del
uso de la fuerza coercitiva ya legitimada.
Bien, las definiciones y
explicaciones de la política ya expuestas, en ningún momento establecen que
esta sea mala, a pesar del uso de la fuerza coercitiva, por el contrario la
política sigue siendo una herramienta útil para las sociedades en general, el
tema es que en Chile, política y poder[2]
son tomados como sinónimos, y donde el poder también es totalmente rechazado,
ya que se entiende que cuando existe política y poder se pierden las libertades
individuales, y dichas libertades son la mayor expresión de los valores
sociales y culturales, y sin libertad no puede existir nada, y hay que hacer
todo para poder conseguirla, por lo mismo se rechaza la política en
consecuencia también se rechaza el poder.
Para enfrentar a la política y al
poder, las fuerzas revolucionarias, levantan las banderas de lucha por la
“dignidad y las libertades individuales”, situación paradójica, ya que la lucha
por la “dignidad y las libertades individuales” son las banderas de lucha del
capitalismo y del neoliberalismo, ideologías que establecen que sin libertad
individual no puede haber democracia y sin democracia no puede existir libertad
económica.
Efectivamente, la política es rechazada por la población en general, eso
queda de manifiesto en todas las encuestas de opinión que se realizan en Chile,
donde las instituciones políticas, particularmente el congreso nacional,
siempre obtienen el menor nivel de aprobación en relación con otras
instituciones. Dicho rechazo se puede deber además de lo ya expuesto, a que la
política es considerada sucia, inútil y corrupta, por lo tanto debemos
alejarnos de ella, y debemos dejar que otros, los corruptos se hagan cargo de
este mal necesario. Pero nosotros, los puros y castos debemos mantenernos
alejados de esta aberración que es la política.
La
Política y El Control Social
Si ampliamos la visión, la política
y el poder, pueden ser observados de forma conjunta, y cuando los reunimos
constatamos un hecho, que en las ciencias sociales se conoce como “Control
Social”, control que pasa totalmente desapercibido para la población en
general, incluso para la que se considera más consciente y organizada.
Cuando hablamos de control social,
hacemos referencia a un conjunto de patrones conductuales que consiste en
formas de hacer, de obrar, pensar y sentir, exteriores al individuo y
que están dotados de un poder de coacción[3],
que se sustenta en el uso de
la fuerza coercitiva legítima, en virtud del cual se nos impone. Establecer
el hecho de que estas formas de hacer, de obrar, pensar y sentir, son exteriores a las
personas, nos permite comprender que existen un conjunto de elementos que
estaban antes de que nosotros mismos naciéramos, por lo mismo fueron aprendidos
inconscientemente por medio de la educación que se nos entrega en colegios,
liceos y universidades. Estás formas de hacer, obrar, pensar y sentir, las
podemos observar fácilmente, al momento que yo cumplo con mis funciones de
padre, esposo, ciudadano, cuando respondo a los compromisos
que he contraído. Todas estas acciones están llenas de deberes,
deberes que han sido definidos y establecidos fuera de mí, por la
sociedad, la cultura, el derecho y la costumbre.
Todas
estas formas de hacer, de obrar, pensar y sentir, que son exteriores a las
personas, que estaban antes que yo y usted naciera, son internalizadas, o sea
aprendidas en un proceso de socialización[4]
o educación formal e informal, donde la educación formal es la que se nos
entrega en el colegio, liceo, universidad, y la educación informal es la que recibimos
en nuestra casa, la obtenemos en la relación con nuestros amigos que también
han sido educados por los mismas instituciones educacionales, instituciones que
tienen el mismo programa de estudios. Paradójicamente, es en el proceso
educativo donde aprendemos estas formas de hacer, de obrar, pensar y sentir, que se
traducen finalmente en control
social, entonces por lo mismo, es que uno de los bienes sociales más deseados por
todos es la educación, incluso aunque esto signifique altos niveles de
endeudamiento. En consecuencia cuando deseamos educación, estamos deseando
control social, sin percatarnos de ello.
Con la información ya expuesta, he
querido establecer una correlación lógica de, cómo integramos, internalizamos y
aceptamos la información que nos entrega la sociedad, y que aprendemos de forma
inconsciente, esto quiere decir que independientemente de lo que podamos
manifestar, la información política, social y los mecanismos de control social,
ya están integradas a nuestra visión particular del mundo, lo queramos o no,
por lo tanto respondemos automáticamente a los diversos mecanismos de control
social, mecanismos que son deseados por la población en general, muchas veces
de forma totalmente inconsciente.
Entones podríamos establecer una
primera conclusión, asociada directamente al discurso que impone que: “aquí no se habla de política o de
religión”, entendiendo que esta es una afirmación que se realiza y ejecuta
desde una conducta aprendida socialmente, la que ha sido instalada
intencionalmente por un grupo de ideología determinada, que administra al
Estado, utilizando todos los mecanismo
de control social, sustentada en el uso de la fuerza coercitiva, que finalmente
está destinado a limitar la participación política de nuestro pueblo, lo que se
debe entender como: “que nuestro pueblo NO puede ni debe disputar del poder a
sus legítimos propietarios”, que en el caso chileno son la rancia oligarquía o
los grupos intermedios, que son finalmente los empresarios y sus representantes,
la mal llamada clase política.
Una segunda conclusión, que puede
parecer muy obvia pero necesaria, es establecer que la política existe en el
que hacer público, con y hacia los demás, en conjunto con los demás. La
política no puede existir sin él otro o los otros, por lo tanto la política es
el resultado práctico y directo del que hacer social. Según lo expuesto, toda
política se debe manifestar y hacer públicamente, ya que su intención es el
ejercicio directo del poder, si estas condiciones básicas no existen no podemos
hablar de que se está haciendo política. Incluso las organizaciones más
revolucionarias, de orgánica clandestina, deben de una u otra forma manifestarse
públicamente, sus ideas deben ser conocidas por la población o por lo menos por
el sector que ellas postulan representar, si dicha situación no ocurre, no
existen.
Ideología
y Política
Como se podrá entender, la política
por sí misma no tiene posibilidad de transformar nada, ya que solamente es, una
herramienta que nos permite la administración del Estado y del poder. La
política se transforma en un arma con intencionalidad cuando existe una
ideología que la determina. Por lo mismo debemos entender que toda política en
su proceso de ejecución tiene una intencionalidad determinada, ya que persigue
la construcción de una sociedad, cultura y economía, con características
definidas ideológicamente, donde la política liberal o capitalista, no es la
misma que la política neoliberal conservadora, aunque muchos puedan creer que
son idénticos, estos dos modelos a pesar de su aparente similitud, son
diferentes entre sí incluso opuestos, y al mismo tiempo están distanciados de
una política social demócrata, la que manifiesta una postura crítica al
capitalismo, y por lo mismo implementa medidas correctivas que proponen mayores
niveles de igualdad en el proceso de distribución de la riqueza. De los tres
modelos establecidos dos son directamente opuestos al sistema político
socialista, cuales son, el capitalista y la social democracia, y aun que
parezca paradójico, los modelos más
parecidos son los extremos, es así como el neoliberal tiene mayor similitud con
el modelo socialista, ya que los dos establecen al Estado como el eje central
del que hacer social y económico, donde su mayor similitud es bajo el postulado
de la economía centralmente planificada, donde su diferencia ideológica se presenta
específicamente en el sujeto social que será el beneficiario último, que en el
caso del neoliberalismo, el beneficiario de la economía centralmente
planificada serán los grupos intermedios que en la práctica son los
empresarios, y en el modelo socialista, los beneficiarios será la población en
general.
Comprendiendo que la política, cruza
todo nuestro que hacer, independientemente de que lo percibamos o no, este
hecho no deja de ser real y concreto, y a pesar de ello ¿Cómo esta misma
sociedad totalmente politizada e ideologizada rechaza la política?, si,
efectivamente hemos sido educados bajo una matriz ideológica determinada, que
está integrada a nuestro pensamiento, y que además se refleja en nuestras
prácticas, deberíamos preguntarnos si efectivamente: ¿Sí nuestro pueblo rechaza
la política?, o ¿solamente se rechaza un sistema político diferente al
impuesto?, o ¿cuál es la política que rechazamos?, ¿la que esta
institucionalizada, o la política que manifiesta un proceso transformador del
Estado?. La pregunta antes enunciadas las podríamos plantear de una forma
diferente, como, ¿A quién apoyamos y protegemos, a las buenas personas que
tiene la razón, o a las malas personas
que son irracionales?, entendiendo que las buenas personas son los reyes y reinas,
príncipes y princesas, terratenientes y empresarios, y las malas personas son
los trabajadores y el pueblo organizado que pretende recuperar para sí la
riqueza generada por su trabajo, usted decide.
Manifestación
Práctica del Modelo de Dominación.
Para encontrar respuesta a las preguntas
que guían la discusión, debemos remontarnos al pasado, con el objeto de
realizar una revisión del discurso histórico de la clase que ha estado en el
poder. Para comenzar nos remontaremos al año 59 antes de Cristo, donde
encontramos a Catón, un miembro del senado romano, y como tal de la clase de
los patricios, dueños del poder político y la tierra, quien se enfrenta
directamente a Julio César, él que pretendía realizar un conjunto de reformas
en beneficio del pueblo romano, pero con las tierras del Estado y las tierras
de los mismos Patricios, acción que molesto a dichos ciudadanos. En este
momento se presente este líder de los patricios, Catón que desarrolla una estrategia para
enfrentar a Cesar y sus reformas, la que
consistió en: identificarse como el máximo representante de la tradición, de
las buenas costumbres, de la moral, de
todo lo que considera bueno y justo, en definitiva, asumiendo el papel de
defensor de las buenas personas, que siempre han estado en lo correcto. El
asumir esta posición, tiene como objetivo arrinconar a sus enemigos,
obligándolos a tomar un papel y una postura revolucionaria, que pretende
subvertir[5]
el orden histórico, que se traduce en cambiar lo que siempre ha sido así, y que
por lo tanto, es considerado como bueno y correcto, en consecuencia dicha
estrategia tiene como fin establecer que, en un conflicto existen buenos y
malos, donde los buenos son los defensores de la tradición y los malos son
aquellos que quieren cambiar las cosas. Dicha estrategia está vigente hasta
nuestros días, y la podemos observar fácilmente en múltiples discursos, pero
para hacerlo más práctico, lo ejemplificaremos con la manifestación básica del discurso de la
“unidad nacional” formulado por los gobiernos en general, que viene establece
que “todos los que NO están de acuerdo con las políticas propuestas, no quieren
un país unido, en consecuencia no están
de acuerdo con el bien común, por lo tanto son enemigos de la nación y del
pueblo”.
La estrategia de Catón, postula que existe
un grupo de sujetos que son los fieles representantes de las tradiciones, donde
estas son identificadas con la nación, la bandera y la patria, y todos hemos
sido educados bajo estos valores, por lo tanto entendemos que la tradición son
las formas de hacer, de obrar, pensar y sentir, de todos nosotros, y cual
quiera que se oponga o se manifieste en contra de ellas, se opone “al
nosotros”, por lo tanto es un enemigo que deben ser identificado, satanizado, rechazado y por supuesto
sancionado.
Pero bien
¿quiénes son los que se oponen al cambio y las transformaciones?, según Sofía
Correa Sutil, historiadora de la derecha chilena, quien basándose en José Luis
Ramos, sostiene que “desde una perspectiva política la derecha se identifica
con el autoritarismo ejercido para impedir el cambio”[6], por lo mismo,
“la derecha, en esta perspectiva,
estaría conformada por quienes dominan y controlan la estructura económica (…) en realidad,
allí radica, el núcleo duro de la derecha, pues sus seguidores se encuentran en
toda la gama social, desde los sectores conformistas de las clases medias que temen el cambio, hasta los sectores
populares de mentalidad paternalista”. Efectivamente, la derecha es la que se opone
al cambio, defendiéndose bajo la bandera de ser los fieles representantes de las tradiciones,
en consecuencia son los buenos.
Correa Sutil,
identifica claramente quiénes son estos sujetos y de don provienen, ellos son
las "elites señoriales", categoría
que hace referencia directa a los linajes de los poderosos, que “hunde sus
raíces en las elites rurales de la Colonia. Por eso se
percibe a sí misma como la encarnación de las más altas virtudes del país, a la
vez que considera legítimo el privilegio y la desigualdad; por eso se ve a sí
misma como el cuerpo político esencial y está convencida de que sus propios
intereses son los de la nación. De allí su sentido paternalista
de superioridad al resto de la sociedad”[7].
Con lo ya
expuesto no nos cabe duda de que, Catón fue un fiel representante de lo que
políticamente identificamos como “derecha”, oligárquica propietaria de la
tierra, que para defender lo que ellos consideran sus derechos, utilizan
siempre la misma estrategia, que es lograr que toda la población la perciba a
ella, a la derecha política, como la encarnación de las más altas virtudes del
país, virtudes que por lo tanto se deben imitarse institucionalmente, acción
que se ejecuta en el proceso de educación formal e informal, al que todos somos
sometidos voluntaria pero inconscientemente, estableciéndose así los mecanismos
de control social, que son finalmente validados por toda la población vía
elecciones.
Cuando los
mecanismos de control social tradicionales, ya no son suficientes, y las tendencias igualitarias y libertarias postuladas desde la
política, terminan minando el orden socioeconómico, expresado en la autoridad,
propiedad privada, tradiciones familiares, y sus formas de hacer, de obrar, pensar
y sentir, esta fuerza política, la derecha, no tiene otra alternativa que no
sea ejercer el monopolio de la violencia para
perpetuar su poder a lo largo de los siglos y las generaciones, sino pregúntele
a Cesar.
Esta fuerza política al ejercer el monopolio de la violencia,
no asume las responsabilidades de este hecho, y tampoco establece públicamente
que dicho ejercicio es para perpetuar su poder y sus privilegios, por el
contrario nuevamente enarbola la bandera de la defensa de las más
altas virtudes del país, como lo son la autoridad, tradiciones
familiares, el orden y la seguridad, la propiedad privada, el desarrollo
económico y la justicia social, que al verse transgredidos obligan a los justos
a enfrentar y resolver el problema, utilizando a los que se consideran garantes
del orden público y las más altas tradiciones, que son las fuerzas armadas.
Esta situación establece lo siguiente: que los responsables de la represión no
son los que dan la orden y los que reprimen, sino todo lo contrario, los
culpables siempre son los reprimidos, los que con su accionar caótico y
desordenado obligan a los hombres justos y razonables a actuar en contra de
ellos.
Esto queda de
manifiesto en los discursos de la derecha, cuando asegura que:”nos vimos
obligados a defender la patria en contra de los subversivos”, o cuando
establece la necesidad de “recurrir
a la fuerza para evitar la perturbación del orden público y restablecer la
normalidad”, dichas justificaciones las podemos encontrar durante toda la
historia y en diversas latitudes, un ejemplo de ello fue la matanza realizada
el 21 de diciembre de 1907, por el general Roberto Silva Renard y el coronel
Sinforoso Ledesma en la escuela Santa María de Iquique, la que fue justificada
con esta misma lógica: “es muy sensible que haya sido preciso recurrir a la
fuerza para evitar la perturbación del orden público y restablecer la
normalidad, y mucho más todavía que el empleo de esa fuerza haya costado la
vida a numerosos individuos... el Ejecutivo no ha podido hacer otra cosa,
dentro de sus obligaciones más elementales, que dar instrucciones para que el
orden público fuera mantenido a cualquiera costa, a fin de que las vidas y
propiedades de los habitantes de Iquique, nacionales y extranjeros, estuvieran
perfectamente garantidas. Esto es tan elemental que apenas se comprende que
haya gentes que discutan el punto[8]...”
La justificación ante el ejercicio de la violencia de parte del Estado en manos de
la derecha, suele ser
recurrente en nuestra historia, y también fácilmente aceptada, básicamente
porque es realizada por los sujetos que detenta la autoridad, autoridad fundada
en el prestigio creado por ellos mismos, por el conocimiento transmitido
institucionalmente, y por ejercicio directo del poder por medio de la política,
¿pero cómo puede ser que la gran mayoría de la población acepte dichas
justificaciones?, incluso más, ¿cómo esta misma población puede llegar a
justificar y aceptar dichas explicaciones?, las respuestas a estas preguntas
suelen ser muy complicadas, y una de ellas es que, los actores políticos,
quienes representan sólo a un grupo determinado de la población, no les
interesa que nuestro pueblo tenga un amplio bagaje de conocimientos, ya que el
saber implica necesariamente la posibilidad de realizar tanto análisis como
juicios, que puedan llegar a cuestionar la realidad en que se vive, lo que
puede traer como consecuencia la participación política que postule la
transformación de la realidad.
Resulta curioso observar la paradoja de
esta situación, que se viene produciendo hace ya varios siglos. La misma clase
social que históricamente ha detentado el poder, es la misma que al mismo
tiempo ha descalificado a la política. Dicha clase que ataca abierta y
directamente la política, al mismo tiempo se presenta como la salvadora de la
nación, estableciendo que, son los únicos capaces de organizar, administra y
dirigir la sociedad, la que sin ellos caerá en el caos absoluto. En este
proceso despojan del poder a los ciudadanos, apropiándose de sus representantes
públicos en las instituciones políticas.
La clase social que ataca la política, es
la misma que ha provocado la pobreza, que ha vendido las riquezas naturales,
que ha privatizado las empresas del Estado, que se ha apropiado del mismo
Estado, que finalmente declara la guerra social e ideológica del “pensamiento
único”, contra toda fuerza política y social que postule un cambio. Ello
fundado específicamente en lo que se establece como “políticamente correcto”, o
en base a las “razones de Estado”, que se postulan y ejecutan por el bien de la
comunidad toda, y todo bajo el discurso de la “unidad nacional”.
Podemos entender que la aceptación y
aprobación de estas justificaciones, proviene de la ignorancia a la que ha sido
sometido nuestro pueblo, ignorancia, que impide, que se desee y pretenda
realizar cambios y transformaciones sociales y económicas, debido a que son desconocidos. Un segundo elemento que
permite que la situación expuesta se perpetué en el tiempo, son las convicciones
morales, que se enfrentan a todas las ideas contrarias al sentido de lo que
consideramos correcto. Moral que han
sido aprendida en nuestro proceso educacional y de integración de los
mecanismos de control social, que viene a representar y defender las más altas
virtudes del país, como lo son la autoridad, tradiciones familiares, el orden y la
seguridad, la propiedad privada, el desarrollo económico y la justicia social,
finalmente, moral que como se puede observa, es propiedad de la misma derecha
política. Un tercer elemento que nos permite
aceptar las justificaciones políticas para el ejercicio de la violencia,
son las creencias religiosas,
que establecen que los gobernantes están en dicho puesto por haber sido elegidos
por los dioses, por lo tanto, no se puede ir en contra de la voluntad de los seres sobrenaturales, voluntad que, si
es violada, provocará el castigo sobre natural. Un cuarto elemento que
determina la aceptación de las justificaciones de parte del poder represivo,
son la multiplicidad de problemas que debe enfrentar la población para la
solución y satisfacción de sus necesidades más básicas, que hace imposible que
se pueda detener a estudiar y comprender el problema de fondo que genera dichos
problemas, en pocas palabras el modelo económico los mantienen en perpetuo
trabajo para satisfacer sus necesidades básicas, lo que significa que ya no
tienen tiempo ni fuerzas para pensar. También debemos considerar la
determinación de la propia conducta de los sujetos, por otras personas que
tienen un poder superior, que son los patrones, jefes y propietarios de la
tierra. Donde la posibilidad de
cuestionar las acciones represoras del Estado, son limitadas hasta el ámbito en que, sé deberá escoger
entre obedecer y aceptar que la represión es legítima o correr el riesgo de sufrir
las consecuencias por cuestionar la acción represora. Este castigo no surge de
la naturaleza, de Dios o de su propia conciencia, sino de la voluntad contraria
de otras personas, que son las que sostienen el poder. En el proceso de
aceptación y naturalización de los procesos represivos, también debemos
considerar las características propias de las organizaciones políticas y
sociales que son reprimidas, que aun que sean las víctimas, si tienen algún
nivel de responsabilidad, que se funda específicamente en la incapacidad que
han tenido en lograr que, la población en general haga propias las demandas por
las que se está luchando, dicha incapacidad finalmente determina que, la
población en general considera que la lucha que se está dando, es un problema
de los otros, y no le pertenece, en consecuencia no se siente afectado por las
demandas establecidas por las fuerzas políticas reformistas. Finalmente debemos
considerar la instalación del miedo como herramienta de control social, el cual
es ratificado y confirmado en cada momento que el Estado echa mano al ejercicio del poder represivo.
Debemos agregar que, sería ingenuo
pensar que toda la población nacional está sometida a las situaciones y
acciones antes expuestas, debemos reconocer que en nuestro país, existe un
porcentaje de la población que no requiere de los mecanismos de coacción antes
enunciados para estar de acuerdo con el ejercicio de la violencia de parte del
Estado, por el contrario, dicho porcentaje de la población no solo está de
acuerdo, si no que sostiene y entrega los argumentos necesarios para que esto
sea así, ya que piensa que no puede ser de otra forma.
La información expuesta, nos permite
comprender los juicios negativos hacia la actividad política y los políticos, juicios
que como ya se podrá comprender NO son una acción espontanea, todo lo contrario,
son el resultado de un proceso de acumulación histórica de desprestigio de
dicha actividad por parte de los que han sustentado el poder durante nuestra
historia republicana, la que al mismo tiempo establece que dicha tarea
solamente debe estar en las manos de los más capacitados, que en este caso son los
más adinerados.
Como hemos podido establecer (lo que no es ninguna
novedad), es que el grupo socialmente ideológico que sustenta y a mantenido el
poder en Chile, es la derecha política y económica. Pero ser de derecha es una
categoría social que también es rechazada,
ya que se sobre entiende que la derecha siempre ha estado en contra del
pueblo, y nadie quiere estar en contra del pueblo, por lo mismo se debe
levantar un discurso que oculte su verdadera posición, pero que al mismo tiempo
defienda sus interés y privilegios, además de representar un espacio atractivo
de participación política para la población, ello se logra conjugando por un
lado la promesa de bienestar y seguridad social, con trabajo en libertad, y la
libertad política de la elección de representantes, máxima que, Correa Sutil la
expresa de la siguiente forma: "la libertad de empresa y la iniciativa
privada creadora de riqueza, constituyen la base fundamental de una verdadera
democracia"[9]. Esto quiere decir que,
sin libertad económica no puede haber democracia, el que se oponga a esta máxima,
se opone al pueblo, se opone a los principios fundamentales que sustentan la
nación, en definitiva se oponen al orden histórico que ha establecido la
propiedad del Estado en las mismas manos.
La información nos permite concluir
que, la política como expresión de poder, tiene como objetivo el control del
Estado, ya que el control del Estado nos permite controlar un marco legal
regulatorio, que crea las leyes que finalmente quien es el propietario de la
tierra y del trabajo, que son la riqueza de la toda nación.
EL
SI NO TRABAJO NO COMO.
Donde
la Política es Inútil.
Los que tratamos de hacer política en las
poblaciones, además de nuestras propias limitaciones, nos encontramos con
múltiples dificultades, asociadas al rechazo permanente y sistemático de la
política, y la frase o expresión que mejor identifica el rechazo a la política
es “Si No Trabajo No Como”, afirmación que da a entender en primer lugar que,
las personas que hacemos política o participamos de ella no trabajamos, somos
unos zánganos que nos queremos aprovechar de la gente, por lo tanto debemos ser
rechazados y estigmatizados como flojos y aprovechadores.
Al mismo tiempo el si no trabajo no
como, nos da a entender que las personas creen y están seguras que viven
libremente, y que su existencia no está determinada por nadie excepto por ellos
mismos, en consecuencia la política no les interesa ya que no presta ninguna
utilidad. Como se podrá observar, dichas afirmaciones son respuestas aprendidas
específicamente del discurso de la derecha, ya que esta fuerza política y
económica requiere que la población no participe de la disputa del poder.
Por otro lado, las personas que en
su mayoría no tienen satisfechas sus necesidades básicas, no están esperando
discursos de sueños de la política, por el contrario esperan cosas materiales,
expresada en favores, como trabajo, pasajes en bus, dinero efectivo, cajas de
mercaderías, viajes a la playa, triciclos para trabajo, carros para vender
sopaipillas o completos, permisos municipales para trabajara en las ferias o
vendiendo en las calles, y en periodos de campaña electoral, las personas
esperan regalos de los políticos tales como calendarios, lentes, lápices,
pelotas, globos, incluso aliños y condimentos para sazonar sus comidas. Todo
esto quiere decir que la política se a “cosificado”, efectivamente la política
la han transformado en elementos materiales que vienen a satisfacer un conjunto
de necesidades, o también podríamos decir que a la política la han transformado
en dulces que los niños (que son la población en general) esperan que les
regales, en consecuencia la política se a cosificado, ya no es una batalla
donde se confronten ideas o modelos de sociedad y desarrollo. Frente a esta
situación, es muy difícil tratar de organizar a nuestro pueblo bajo la
esperanza de una sociedad futura que idealmente será mejor. Esta situación no
es casual, ya que el objeto que se persigue es que la participación en política
este exclusivamente en manos de la clase social que tiene los recursos que
permitan entregar dichos regalos, esto quiere decir que, el accionar político ha
transformado a nuestro pueblo en mendigos que viven con la mano estirada
esperando que los políticos le entreguen su regalo, por más miserable que este
pueda ser, o podríamos afirma que el modelo político de dominación finalmente
transforma a nuestro pueblo en meros clientes. Y a pesar de dicha situación, la
derecha y nuestro pueblo siguen descalificando a la política.
Lo que nuestro pueblo no comprende, e
incluso muchas fuerzas políticas que se auto clasifican de revolucionarias no
logran entender, es que, asumir el discurso de descalificación de la política y
el poder, en primer lugar es asumir específicamente el discurso de la derecha,
en segundo lugar, la descalificación establece que un solo grupo social
participe y domine el quehacer político, acción que deja el campo de despejado
para que la derecha y sus aliados realicen las tareas que estimen convenientes,
sin mayores dificultades. La descalificación de la política, al mismo tiempo
establece que por un lado nuestro pueblo y por otro lado las fuerzas revolucionarias
nieguen la disputa del poder, particularmente del poder de la administración
del Estado, que es el ente que concentra la riqueza de toda nación.
El si no trabajo no como, es la máxima
expresión de la ignorancia de la vida en sociedad, ya que la política determina
todo el que hacer práctico de nuestra vida cotidiana. ¿Pero dónde podemos ver
en la práctica la acción de la política?, la respuesta es muy fácil, la podemos
ver en el Estado, que es una estructura permanente en el tiempo, que particularmente
en Chile está dividido en tres poderes, que son el Ejecutivo, el Legislativo, y
el Judicial. Donde a grandes rasgos podemos establecer que, el poder Ejecutivo
está representado por la presidencia, sus ministerios, secretarias,
subsecretarias, ejército, policía, y diversas empresas estatales. El poder
legislativo está compuesto por el Senado y la Cámara de Diputados, encargados
de sancionar leyes, finalmente contamos con el poder Judicial, que es el
encargado de hacer respetar la leyes creadas por los otros dos poderes.
Cuando establecemos que el Estado es una
estructura permanente en el tiempo, queremos decir que independientemente del
gobierno o régimen político que exista, el Estado será un órgano permanente, donde se mantendrá tanto el poder Ejecutivo,
el Legislativo, y el Judicial.
El si no trabajo no como, no considera que,
anualmente el aparato político define, por medio de una ley tres tipos de
sueldos mínimos, que son el sueldo mínimo para trabajadores entre 18 y 65 años,
otro para trabajadores menores de 18 años y mayores de 65 y un sueldo mínimo
para trabajadoras domesticas. A sí que, por mucho que las personas trabajen, no
necesariamente su salario les permitirá comer. Pero la política no solamente
define el nivel de ingresos mínimos, también establece cuanto serán los
impuestos que deberán pagar los ciudadanos y los empresarios. Esta misma
política establece que las personas más pobres de Chile tengan que pagar el
mismo nivel de impuesto básico que pagan los más ricos de nuestro país, como es
el IVA.
Es la política la que define los tipos de
trabajos existentes en un país, en consecuencia define los niveles de salario
que percibirán los trabajadores. Esto se explica de forma muy sencilla: gracias
a la política económica existente en nuestro país, hoy en Chile la masa
trabajadora se concentra principalmente en las microempresas, ellas concentran
el 80% de las fuentes laborales de Chile, esta situación establece que, esta
misma población que es el 80%, perciba un
ingreso percápita inferior a $300.869 pesos al mes, en contraste tenemos que el 1% de la población es la que concentra la
riqueza y el poder, y que ellos son aproximadamente 45 mil familias, y la suma y la resta nos arrojan
finalmente que solo 19% de la población restante
podría postular a forma parte de
la clase media.
Que en Chile el 80% de las fuentes de
trabajo sean generadas por la microempresa, también es una decisión política,
ya que esta estableció un modelo económico que destruyo la industria nacional,
al permitir el ingreso al país de bienes y
productos manufacturados
importados a muy bajos precios, los que compitieron desigualmente con los productos
y bienes nacionales, situación que finalmente destruyo la empresa nacional.
Esta acción política económica se tradujo en que miles de trabajadores
perdieran sus fuentes laborales. Estos trabajadores desempleados, para satisfacer
sus necesidades básicas, se vieron en la necesidad de implementar mecanismo de
auto empleo, que se tradujeron finalmente en microempresas.
Pero esta misma política económica,
transforma la mendicidad en trabajo remunerado, ya que establece que, las
personas que limpian los vidrios de los autos, o hacen malabarismo en las
esquinas, o tocan música en los semáforos, todo por una monada, son
considerados trabajadores no cesantes. Pero donde la mendicidad se ha
institucionalizado es en los supermercados o “riteils”, comercios donde la
propina se ha transformado en sueldo para los alumnos universitarios que
necesitan trabajar, mendicidad que busca que estos futuros profesionales se
acostumbren a ingresos de hambre una vez titulados, donde la mendicidad ha
encontrado un nuevo nombre para este nuevo tipo de trabajador que es el de
“propinero”.
Pero si aun no se logra comprender la
ignorancia asociada a la afirmación del si no trabajo no como, como
descalificación de la política, agregare otros elementos que nos pueden hacer
comprender de mejor forma como ella nos afecta diariamente. Es la política la
que define el precio de los alimentos en Chile, claro muchos se preguntarán
cómo, muy fácil, el gobierno y el congreso definen las tierras que deben ser
destinadas a la producción de alimentos. La política nacional con respecto del
uso de la tierra a establecido que, el mayor porcentaje de tierras de nuestro
país, estén destinadas al cultivo de arboles, que serán utilizados en la
producción de celulosa, producción que beneficia exclusivamente a un par de
grupos económicos y no a la población general, la baja producción de alimentos
finalmente encarece los precios de los mismos.
Es, esta misma política la que establece el
nivel de impuestos a los alimentos que importamos desde nuestros países
vecinos, como el impuesto al maíz, al trigo, a la azúcar, la carne, impuestos
que superan el 33%, y es la misma política la que establece arancel cero a la
importación de electrodomésticos como celulares y televisores, que serán
vendidos por las casas comerciales a crédito, con tasas de interés que llegan a
superar el 100%.
Los alimentos se encarecen, cuando la
política chilena, destruye el transporte ferroviario nacional, con el fin de
entregar el transporte de alimentos a los empresarios camioneros.
Los alimentos son caros en nuestro país,
gracias a un conjunto de impuestos a los combustibles, entre ellos el impuesto
específico, impuestos que son traspasados por los transportistas primero a los
comerciantes que finalmente los traspasan a los consumidores.
La alimentación en Chile es cara debido a
que esta, tienen impuestos específicos, es así que la harina tiene un impuestos
específico de un 12%, el que sumado al IVA., queda en un 31%, la carne tiene un
sobre impuesto de un 5%, que sumado al IVA., queda en un 24%.
Los alimentos del mar son caros,
específicamente porque muchos de sus productos son destinados a la alimentación
de salmones, aves y chanchos, también a la fabricación de harina de pescado que
es exportada, ello gracias a que el ejecutivo en conjunto con el legislativo
establecieron una ley que entrego el mar a un grupo de familias, acción que
solamente beneficia a tres grupos económicos.
Claro podemos continuar con que la política
establece el acceso a la salud, la vivienda, al tipo de vivienda, el trabajo,
que tipo de educación recibirás, y por lo tanto a que trabajo podrás postular,
y que ingreso podrás alcanzar, pero también define a qué hora debes dormir y
levantarte, si podrás salir por las noches o deberás quedarte encerrado en la
casa, si podrás beber alcohol o fumar, y en qué lugares podrás hacerlo y en
cuales no, también la política define que es lo que veras en televisión, si más
cultura o más pechos. Incluso la política define cuántos hijos debes tener.
Pero lo que efectivamente es positivo, es
que la política te presenta el sueño americano, que es un conjunto de promesas
que sustentan la esperanza de nuestro pueblo, promesas que aseguran que a
fuerza de trabajo te podrás hacer rico, que trabajando más horas al día te
permitirán tener una tarjeta de crédito para endeudarte y de esta forma comprar
lo que la misma política te ofrece por los medios de comunicación.
Como podremos entender, la política
determina quién es el propietario de nuestras riquezas territoriales, como el
cobre, molibdeno, oro, plata, litio,
alimentos, recursos pesqueros, forestales, los que han sido privatizados
en beneficio directo de unos pocos
grupos económicos chilenos y extranjeros, incluso aun que parezca una
idiotez, la política determina cuales son las drogas que se consumen en nuestro
país.
Como conclusión, el rechazo a la política y
la participación en ella, asociado al discurso del si no trabajo no como, es la
máxima expresión de la ignorancia del que hacer social, ignorancia intencionada
por la derecha, los que mantienen este
discurso lo único que hacen es trabajar para la derecha gratuitamente.
El
Quehacer Político Nacional
Las
Fuerzas Revolucionarias en el Proceso de Toma del Poder.
Como empezar esta parte del apunte
de formación, cuando se sobre entiende que expondremos una visión crítica si no
destructiva del quehacer político de las fuerzas que se consideran o auto
clasifican como revolucionarias, entre las que nosotros mismos nos encontramos.
Como y de donde comenzar a realizar un diagnóstico que será totalmente
rechazado por los que deben ser nuestros aliados, pero que en la práctica no lo
son, incluso en algunos espacios somos y seremos considerados casi como
enemigos o a lo menos traidores, pero creemos que a pesar de ello es necesario
hacerlo.
Una vez expresadas nuestras dudas y
temores, y asumiendo las consecuencias de nuestras acciones damos comienzo al
diagnóstico del quehacer político nacional, particularmente de las fuerzas
políticas que se consideran de izquierda y revolucionarias.
Lo primero que debemos plantear es
que Chile no es un país capitalista tradicional o industrial. El cambio
estructural del Estado y del modelo político y económico chileno se comienza a
producir a partir de un conjunto de hechos posteriores al golpe de Estado de
1973. El primero de ellos es la muerte del general Bonilla en un
extraño accidente el 3 de marzo de
1975, el segundo hecho relevantes es la visita
a Chile realizada por Milton Friedman, fundador
del la Escuela de Economía de Chicago, el 25 de marzo de 1975, finalmente el
paso a retiro del general Arellano Stark el 4 de enero de 1976. Estos tres
hechos configuran las bases para la instalación del neoliberalismo y el cambio
estructural del Estado chileno.
Algunas
personas se preguntarán por qué estos hechos los consideramos tan relevantes,
la explicación es simple, tanto Arellano Stark como el general Oscar Bonilla,
eran los mantenía los contactos con Frei y la Democracia Cristiana, o podríamos
decir claramente que ellos eran los generales del partido Demócrata Cristiano,
en consecuencia los representantes y defensores del modelo capitalista
tradicional o industrial o modelo liberal. Con la muerte de Bonilla y la salida
de Arellano, la Democracia Cristiana y los capitalista tradicionales o
liberales salen del gobierno de la tiranía, dejando el campo libre a los
representantes de la rancia oligarquía tradicional para implantar el modelo
neoliberal. Todo ello facilitado por la visita
realizada por Milton Friedman, el mejor alumno del creador
del neoliberalismo Fridrix von Hayek.
Pero
el neoliberalismo tiene antecedentes anteriores en Chile, pero permitamos que Leopoldo Muñoz, nos lo explique “Esta ideología constituye el patrimonio de un grupo de economistas cuya
identidad común consistía en él haber sido formados en la Escuela de Economía
de Chicago, desde los años 1956 en adelante, como producto de un acuerdo de
cooperación con la Universidad Católica de Chile”[10], lo que nos quiere decir
don Leopoldo es que ya en el año 1956, la Universidad Católica de Chile
comienza a formar profesionales con esta ideología, los que estaban preparados
para asumir y dirigir las riendas del poder político y económico para el
periodo de la tiranía y hasta nuestros días. Aun que los antecedentes del
neoliberalismo en Chile se remontan a la misión Klein-Sak que llega a Chile en
1951, con el fin de asistir al gobierno de la época.
Esta
información tiene por objeto establecer dos hechos fundamentales para el
quehacer político nacional, el primero de ellos es que a partir del año 1976 se
ha ejecutado un cambio estructural del Estado, de la política, de la economía,
de la estructura social y del modelo cultural de dominación, esto quiere decir
que de 1976 a la fecha ha existido un solo modelo de dominación que está en
manos de el mismo grupo económico y social, el segundo hecho de relevancia es, que
hoy en día luchar contra el capitalismo tradicional, industrial o liberal, es
luchar contra un enemigo que no existe, y mantener ciegamente esta lucha, es no
comprender los procesos dinámicos de los
cambios estructurales tanto del poder, la política y la economía, y que
cualquier lucha que se dé contra un enemigo que no exista es una lucha perdida.
Pero
bien asumamos que nuestro diagnóstico referente al modelo de dominación esta
errado, y que efectivamente tenemos claro al enemigo, y pretendemos derrotarlo,
para esto debemos diseñar un conjunto de tácticas que respondan a una
estrategia. Nuestras tácticas o la expresión de ellas deben ser públicas o
ejecutarse públicamente, esto quiere decir que, nuestro pueblo, que es nuestro
objetivo final, debe comprender y entender cuáles son nuestras metas y fines,
para ello nuestras actividades o ejercicio táctico deben estar dirigidos hacia
ellos, no a nosotros mismos.
Como requerimos que nuestro pueblo
nos entienda y comprenda, para que finalmente se sume a nuestras
organizaciones, y este dispuesto a dar una lucha con el objeto de construir la
sociedad justa, lo primero que debemos hacer es entonces, entregar información entendible,
comprensible, positiva, propositiva, esperanzadora, unificadora, organizadora,
organizada, respetuosa, comprometida, responsable, disciplinada …….
La pregunta ahora es: ¿las fuerzas
políticas revolucionarias que pretenden realizar las transformaciones, ejecutan
su trabajo considerando las categorías antes enunciadas?, la respuesta es NO.
Nuestra respuesta es tajante y
categórica, y se debe a los diversos ejercicios prácticos que hemos realizado, y
en los que hemos participado. Esta afirmación comenzaremos a justificarla a
continuación. El primer ejercicio, tiene que ver con el lenguaje que utilizan
las fuerzas políticas de izquierda, por un lado es totalmente descalificador,
asociado a un sentimiento anti-sistémico de frustración, rabia y odio, que
estable únicamente a los otros como responsables de todos los males que estamos
viviendo sin asumir ninguna responsabilidad, este lenguaje o discurso, en vez
de acercar a nuestro pueblo, lo alejo incluso lo hace correr asustado por la
violencia percibida. Se nos olvida que el país lo construimos entre todos, por
lo tanto debemos asumir la responsabilidad de la situación en que se encuentra
el país. Si la izquierda no asume responsabilidad de dicha situación, no puede
considerar tener la capacidad de transformarlo.
Cuando la izquierda habla, no lo
hace desde el proyecto, o de una propuesta que pretenda sumar a nuestro pueblo,
por lo general lo hace desde la frustración, desde la rabia, sentimientos que
son fáciles de percibir por parte de nuestro pueblo. La pregunta es ¿Quién
querrá estar cerca de personas violentas y frustradas?. Desde la rabia y la
frustración no se pueden hacer propuestas, y menos construir proyectos
políticos, ya que estando enojados no se piensa con claridad, y no tener
claridad en el quehacer político solo nos conduce a la derrota.
Debemos asumir la responsabilidad
política de la situación en que se encuentra el país, ya que Chile lo
construimos todos por acción o inacción. La derecha es la responsable del
modelo impuesto, pero no la podemos críticar por eso, esta fuerza política solo
hace lo que debe hacer. La derecha no tiene como objetivo construir el
socialismo eso es trabajo nuestro, y si no lo hemos hechos, o no hemos avanzado
en este trabajo no es responsabilidad de la derecha, por el contrario es
nuestra responsabilidad. Sí no asumimos nuestras responsabilidades desde una
perspectiva crítica, será imposible construir el socialismo.
El discurso anti-sistémico, y en
general todos los discursos “anti” son discursos reaccionarios, y como todos
sabemos los reaccionarios no generan propuestas ni proyectos políticos, por el
contrario apuntan solamente a la destrucción absoluta de algo o de los otros,
este discurso produce temor, y el temor aleja a nuestro pueblo. No debemos
olvidad que el pueblo vive sometido sistemáticamente al terror, el que ha sido
instalado por el modelo de dominación, en consecuencia, nosotros los que
queremos transformar la sociedad no debemos seguir atemorizando a nuestro
pueblo, por el contrario debemos “encantarlos”, debemos ser la esperanza para
nuestro pueblo. Si nuestros discursos reaccionarios asustan y alejan a nuestro
pueblo, estamos haciendo el trabajo de la derecha.
La manifestación del discurso de la
izquierda es descalificador no solamente de las fuerzas enemigas, sino que
también de las demás fuerzas políticas que nuestro pueblo en su desconocimiento
consideran que deberían ser amigas, por lo mismo, el discurso descalificador
genera en nuestro pueblo una imagen de conflicto permanente entre las mismas
fuerzas de izquierda, y si la izquierda no se pone de acuerdo ahora, como será
cuando estén en el poder. El discurso descalificador, no sienta las bases para
la unidad de la izquierda, por el contrario, perpetua la atomización o
fraccionamiento.
Muchas de las actividades que realiza la izquierda, no
están dirigidas a nuestro pueblo, aun que esa pueda ser la intención, por lo
general dichas actividades están dirigidas a satisfacer las necesidades de
auto-confirmación de los mismos militantes de izquierda, los que de esta forma
sienten que están haciendo algo en contra el modelo de dominación.
Cuando la izquierda escribe, la
pregunta es ¿para quién escribe?, es cosa de asistir a las marchas,
manifestaciones y actividades de la izquierda y hacer una recolección de
material escrito, al revisar dicho material nos percatamos que ninguno de ellos
contienen información a excepción de algunos, por lo general solamente se
entregan consignas, cual más encendida que la anterior, en tercer lugar se
entrega un cumulo de información sobre conceptualizada, que incluso es difícil
de comprender y entender para la misma gente de izquierda. Se nos olvida que
nuestro pueblo no lee, y que además tiene problemas de comprensión lectora, por
lo mismo la información debe ser acotada, simple, entretenida y
ejemplificándola con casos y situaciones cercanas, para su comprensión y
aceptación.
La izquierda es contradictoria, ya
que por un lado toma como bandera de lucha el discurso de la diversidad, pero
por otro lado rechaza y ataca a toda organización y fuerza política que
establezca estrategias y tácticas diferentes, ya que las considera no solamente
erradas, sino que las estigmatiza como fuerzas que son parte del enemigo. Pero
la izquierda es contradictoria con respecto de un eje central del quehacer
político, ya que rechaza la lucha por el poder, y al mismo tiempo rechaza a las
fuerzas políticas que establecen claramente la lucha por el poder del Estado en
sus diversas manifestaciones. Si las fuerzas políticas de izquierda y revolucionarias
no pretenden tomarse el poder, ¿qué es lo que quieren?.
La izquierda es autoritaria, incluso
algunos llegan a tener actitudes fascistas, al establecer una sola forma, una
sola verdad, un solo objetivo. Esta conducta se resume en la descalificación
sistemática de nuestro pueblo, acusándolo de no sumarse a las consignas
instaladas por las mal llamadas fuerzas revolucionarias. Por un lado establece
que el máximo bien social es la libertad, pero rechaza toda postura política
que llegue a considerarse diferente, atacándola y descalificándola. Rechazan el
poder, pero pretenden imponerse por sobre todos y todas.
El discurso de la izquierda es
irresponsable, ya que no asume la responsabilidad de sus acciones, no cumple
con los compromisos asumidos, no respetando los acuerdos, incluso no llega a la
hora. Es irresponsable ya que para cada incumplimiento sobran las
justificaciones, las que deben ser aceptadas, ya que de otra forma se es “mala
onda”, y en la izquierda solamente hay gente buena onda.
La izquierda es indisciplinada, ya que
rechaza el poder, la autoridad y las normas, bajo el pretexto de la “libertad
individual”, cuando la libertad individual es la bandera de lucha y máxima
expresión del capitalismo y del neoliberalismo, al asumiendo el discurso y la
consigna del enemigo, no hacemos más que seguir disciplinándonos, ordenarnos y
cuadrándonos con la derecha.
La izquierda es temerosa, ya que levanta el
discurso respecto del modelo de dominación para justificar el hecho de no hacer
política públicamente. Esto es el temor a ser identificado como un político,
temor impuesto por nuestro enemigo, bajo la descalificación sistemática de la
política y de los políticos. El miedo es siempre impuesto por el bien del
dominado, es decir es por el bien del pueblo.
Somos una izquierda romántica, que vive
soñando con hacer la revolución, pero no realiza el trabajo para alcanzar este
fin. Un revolucionario romántico, no tiene la necesidad de educarse y
prepararse políticamente, un romántico no lee ni estudia, no conoce al enemigo
y piensa que la revolución llegara por inercia. Esto es lo que llamamos
pretensión revolucionaria, se trata de ese sentimiento ambiguo, anti-sistémico,
sin práctica ni compromiso, adhesión sentimental marcada por el rechazo de lo
existente, sin claridad ni opciones alternativas, adhiriéndose a lo que parezca
estar en contra de lo que está establecido. La ilusión revolucionaria es un
peligro en cada etapa, ya que puede hacernos creer que tenemos convicción[11]
y capacidad, cuando en la práctica no se tiene. Pero el romanticismo, la
ilusión revolucionaria finalmente es esa
visión o sueño bucólico que nos amarra y sostiene, pero que no es trascendente,
y al mismo tiempo establece un conjunto de categorías definidas como verdades
absolutas que son muy difíciles de modificar, por lo mismo el romanticismo debe
ser destruido vía ideología y contenido.
La
izquierda es individualista, al establecer las libertades individuales por
sobre la libertad del colectivo, al establecer múltiples verdades por encima de
las verdades colectivas y sociales, al negar el poder, la sociedad, la cultura
y al Estado, que son la expresión del que hacer colectivo.
Finalmente, la izquierda tiene
“desamparo aprendido”, ya que sueña con que algún día triunfara, pero no
realiza las actividades concretas en el quehacer político para alcanzar dicho
objetivo. La explicación que entrega el desamparo, es que, el NO realizar
dichas acciones le permite no frustrarse. Un ejemplo es: no participo de las
elecciones ya que perderemos, y si no perdimos no nos frustramos. Es mejor
sumarse a las personas que no votan en las elecciones, ya que ellos son la
mayoría, en consecuencia la izquierda es la mayoría. O finalmente, la izquierda
es la fuerza más poderosa ya que esta representa a todas las personas que no
votaron en las elecciones.
CONCLUSIÓN.
La política siempre ha querido establecer
la existencia de una verdad única, cual es que, las buenas personas son, los
reyes y reinas, príncipes y princesas, terratenientes y empresarios, todos ellos
son al mismo tiempo dueños y propietarios de la tierra y las empresas, en
consecuencia ellos son los buenos, y los buenos siempre tienen la razón, y el
que se manifieste en desacuerdo o se atreva a disputar su poder, se pone en
contra de la buena gente, amable, sincera y linda. Esta misma forma de hacer
política ha establecido que disputarle el poder a las buenas personas es al
mismo tiempo oponerse a la razón.
Establecer un desacuerdo político, implica
necesariamente la confrontación entre el bien y el mal, entre lo racional e
irracional, entre lo bonito y lo feo, por lo tanto en este conflicto los
malvados son los que se oponen a la buena gente, donde los buenos son los dueños
de la tierra y las empresas. Los malvados que quieran apropiarse del poder que
está en manos de los buenos, deberán ser duramente castigados, donde todas las sanciones
son totalmente justificadas, ya como son malas personas, y como son malos
merecen dichos castigos.
La política del pensamiento único,
establece a una sola clase social como buena, que está representada por héroes
como reyes y reinas, príncipes y princesas, grandes magnates, millonarios y
terratenientes, que luchan por la verdad y la justicia, que además siempre
triunfan. Los malos somos nosotros, la clase trabajadora que hace funcionar los
países, que trabaja la tierra, pero que al mismo tiempo no somos rubios de ojos
azules, que somos sucios y morenos, y que nos organizamos para disputarles el
poder con el objeto de administrar el Estado, para que las riquezas sean
distribuidas en justicia social, pero a pesar de ello seguimos siendo los malos
y feos, y los malos y los feos no pueden disputar el poder político.
Los malos y los feos, o sea la clase
trabajadora, no puede y no debe disputarles el poder a los buenos y
bellos, esta verdad, no es una
casualidad o un hecho natural, por el contrario, se realiza y ejecuta desde una
conducta aprendida socialmente, la que ha sido instalada intencionalmente por
un grupo de ideología determinada, que administra al Estado, que utiliza todos
los mecanismo de control social a su alcance, que es sustentada en el uso de la
fuerza coercitiva, que finalmente está destinado a limitar la participación
política de nuestro pueblo, lo que se debe entender como: “que nuestro pueblo
NO puede ni debe disputar del poder a sus legítimos propietarios”, que en el
caso chileno son la rancia oligarquía o los grupos intermedios, que son los empresarios
y sus representantes, la mal llamada clase política.
Paradójicamente,
es en el proceso educativo y de socialización donde aprendemos estas verdades
absolutas, las que se transformas en formas de hacer, de obrar, pensar y sentir, que no son
nada más que control social,
donde el control social, se manifiesta como un conjunto de patrones
conductuales que consiste en dichas formas de hacer, de obrar, pensar
y sentir, exteriores al individuo y que están dotados de un poder de coacción[12],
que se sustenta en el uso de
la fuerza coercitiva legítima, en virtud del cual se nos impone.
Lo que se
impone finalmente con estás formas de hacer, de obrar, pensar y sentir, es la
política y el poder de la derecha, la que se identifica como el máximo y fiel representante de las
tradiciones y de las buenas costumbres, de la moral, de todo lo que considera bueno y justo, que asume
el papel de defensor de las buenas personas, que siempre están en lo correcto.
El asumir esta posición, tiene como objetivo arrinconar a sus enemigos, que es
la clase trabajadora, obligándonos a tomar un papel y una postura
revolucionaria, que pretende subvertir[13]
el orden histórico, que se traduce en cambiar lo que siempre ha sido así, y que
por lo tanto, es considerado como bueno y correcto, en consecuencia dicha
estrategia tiene como fin establecer que, en un conflicto existen buenos y
malos, donde los buenos son los defensores de la tradición y los malos son
aquellos que quieren cambiar las cosas. Todas estas acciones están llenas de deberes,
deberes que han sido definidos y establecidos fuera de mí, por la
sociedad, la cultura, el derecho y la costumbre.
Debemos comprender que la política existe
en el que hacer público, con y hacia los demás, en conjunto con los demás. La
política no puede existir sin él otro o los otros, por lo tanto la política es
el resultado práctico y directo del que hacer social. Pero la derecha lo que
pretende es que vivamos en forma aislada, solitaria, individual, ya que
entiende que si nos unimos nos transformaremos en una fuerza de un poder
arrasador que la destruirá, es por eso que establece el individualismo como
mecanismo de relación social.
Para enfrentar a la política y al poder,
las fuerzas revolucionarias, levantan las banderas de lucha por la “dignidad y
las libertades individuales”, situación paradójica, ya que la lucha por la
“dignidad y las libertades individuales” son las banderas de lucha del
capitalismo y del neoliberalismo, ideologías que han instalado el
individualismo.
Según lo expuesto, toda política se debe
manifestar y hacer públicamente, ya que su intención es el ejercicio directo
del poder, si estas condiciones básicas no existe no podemos hablar de que se
está haciendo política. Incluso las organizaciones más revolucionarias, de
orgánica clandestina, deben de una u otra forma manifestarse públicamente, sus
ideas deben ser conocidas por la población o por lo menos por el sector que
ellas postulan representar.
La información nos permite concluir que, la
política como expresión de poder, tiene como objetivo el control del Estado, ya
que el control del Estado nos permite controlar un marco legal regulatorio, que
crea las leyes, leyes que establecen la propiedad de la tierra y de las
riquezas naturales y sociales.
Como se podrá comprender, luego de
haber leído este apunte de formación, la política es una herramienta
fundamental del quehacer social, cultural y económico de toda sociedad. En
consecuencia todas y todos participamos del quehacer político, y vivimos sus
consecuencias consciente o inconscientemente. El que rechaza la política, solo
manifiesta la ignorancia a la que ha sido sometido por el modelo de dominación
existente en este país, y no comprende que dicho accionar es rechazar la lucha
por el poder, que está en manos de la clase burguesa.
Para terminar, queremos establecer qué, para
poder alcanzar el control democrático de la producción, de los intercambios y
de las otras dimensiones de la vida humana, es necesario la construcción del
socialismo, donde las leyes no sean más
que las condiciones de la asociación de la sociedad organizada. Pero esto es
mucho trabajo.
Mario
Paz Montecinos.
Sociólogo
Secretario
de Los Hijos de Mafalda.
[1] Una ideología es el
conjunto de ideas sobre la realidad, sistema general o sistema existentes en la
práctica de la sociedad respecto a lo económico, la ciencia, lo social, lo
político, lo cultural, lo moral, lo religioso, etc. y que pretenden la
conservación del sistema (ideologías conservadoras), su transformación (que
puede ser radical y súbita, revolucionarias, o paulatina y pacífica –ideologías
reformistas–), o la restauración de un sistema previamente existente
(ideologías reaccionarias).
[2] Weber
definirá el poder como la posibilidad de ejercer un dominio en
la voluntad del otro, más aún, en quebrar una voluntad aun venciendo su resistencia
[3] La
coacción es un término empleado frecuentemente en Derecho y ciencia política
que se refiere a la violencia o imposición de condiciones empleadas para
obligar a un sujeto a realizar u omitir una determinada conducta.
[4] Socialización: es el proceso de
inculcar los elementos de la cultura en los integrantes o miembros de la sociedad se llama
[5] En concreto, lo encontramos
en el latín y más exactamente en el término subversĭo,
que derivaría en el verbo subvertir. Este ejerce como sinónimo de trastornar o
destruir. El concepto de subversión
se encuentra relacionado a una rebelión,
una alteración o un daño, en especial en el sentido
moral. La palabra tiene origen latino.
[6] CORREA SUTIL, SOFÍA: “CON
LAS RIENDAS DEL PODER LA
DERECHA CHILENA EN EL SIGLO XX”. Biblioteca Todo es Historia
Editorial Sudamericana. Random House Mondadori S.A. Primera edición: Marzo de
2005. P 23
[7] CORREA SUTIL, SOFÍA: “CON
LAS RIENDAS DEL PODER LA
DERECHA CHILENA EN EL SIGLO XX”. Biblioteca Todo es Historia
Editorial Sudamericana. Random House Mondadori S.A. Primera edición: Marzo de
2005. P 23
[9] Correa Sutil, Sofía: “Con Las Riendas Del Poder La Derecha Chilena En El
Siglo XX”. Biblioteca Todo es Historia Editorial Sudamericana. Random House
Mondadori S.A. Primera edición: Marzo de 2005.
P 185
[11] José J. Def: convicción viene de con-victo, vencer con. Es cuando se tiene la
certeza de que la revolución es el camino, se tiene el compromiso personal por
contribuir a su realización y de hacerla posible, y se sigue una conducta de
vida que refleja la nueva lógica revolucionaria. Se pretende que las acciones
lleven a formar la capacidad revolucionaria, poniendo recursos y tiempo en ese
intento.
[12] La coacción es un término
empleado frecuentemente en Derecho y ciencia política que se refiere a la
violencia o imposición de condiciones empleadas para obligar a un sujeto a
realizar u omitir una determinada conducta.
[13] En concreto, lo encontramos
en el latín y más exactamente en el término subversĭo,
que derivaría en el verbo subvertir. Este ejerce como sinónimo de trastornar o
destruir. El concepto de subversión
se encuentra relacionado a una rebelión,
una alteración o un daño, en especial en el sentido
moral. La palabra tiene origen latino.
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